Lenny
y Miranda son un matrimonio neoyorquino con problemas de fertilidad. Decididos
a ser padres, adoptan a un niño que, desde bien temprano, da evidentes muestras
de genialidad. Consumido por la curiosidad, Lenny decide investigar la
identidad de la madre biológica, que resulta ser una voluptuosa prostituta con
menos luces todavía que las que componen el alumbrado menés. Tal es el punto de
partida de la magnífica comedia que Woody Allen dirigió en 1995, Poderosa Afrodita, de la que ya se
ocuparon Mr. Lightfoot y nuestra impuntual dama -je, je, je- hace unos meses.
Su
singularidad radica, sin embargo, no en la trama, una comedia de enredo como
otra cualquiera, sino en el hecho de que su director la presenta como una
tragedia griega, aunque un tanto deformada, con su héroe excepcional abocado a la desgracia, su estructura de culpa / retribución y, sobre todo, un
coro que interpretaba las partes cantadas de la obra y representaba a un
personaje colectivo. Si bien en la comedia de Woody Allen el coro cumple una función
paródica y es un mero instrumento humorístico, en la tragedia clásica ateniense
-pues todos los grandes tragediógrafos
fueron de Atenas- era un elemento fundamental, aunque con el tiempo fue
perdiendo importancia y vinculación con la trama.
Aquí
os dejo un ejemplo de intervención coral extraído de Poderosa Afrodita, con la predecible tarea de que resumáis en no
más de 15 líneas la historia de Edipo, citéis en qué gran tragedia -y de qué
autor- se desarrolla y expliquéis qué profesión es esa a la que se hace
referencia.
Buscad,
buscad, muchachos, mas sed cautos, pues sucede en ocasiones que el conocimiento
engendra tan solo dolor.